Ya no consideramos la biografía de un ‘filósofo’ como corpus de accidentes empíricos que dejan un nombre y una firma fuera de un sistema que, por su parte, se ofrezca a una lectura filosófica inmanente, la única tenida por filosóficamente legítima: toda una incomprensión académica de la exigencia textual que se ajusta a los límites tradicionales de lo escrito, y hasta de la ‘publicación’.
JD, Otobiografías.